A finales del Siglo XVIII, llamado el Siglo de las Luces, las ideas de la Ilustración habían entrado en la sociedad de Nueva España. Las castas generadas por una estructura de privilegios se hacía patente y un intenso mestizaje continuaba profundizando desde la Conquista.
La Ilustración revindicaba que el poder lo ejerce el soberano en nombre del pueblo al que gobierna y que la igualdad del género humano es un principio básico del orden natural. En esta corriente se incluye el pensamiento de la Orden de los Jesuitas que propagaban la igualdad de acceso a la cultura.
En el Siglo XVIII Nueva España emprende la consolidación de su presencia en Texas y en la Alta California a través de las Misiones Jesuíticas. Esta presencia tenía raíces históricas en los Exploradores españoles del Siglo XVI y XVII. Y la zona novohispánica abarcaba una enorme extensión de territorio.
A finales del Siglo XVIII un número no pequeño de emigrantes del Norte de España, gallegos, asturianos y vascos habían marchado a México. Su asentamiento fue generando una clase media criolla bien definida y la velocidad de mezcla crecía entre todas las etnias.
Y en el siglo XVIII, Nueva España se fue haciendo cada vez más próspera. Por ejemplo, la producción en plata igualó en cantidad a la del resto del mundo. Y en la rama textil eran famosos los telares de Puebla, Guadalajara, Oaxaca y Valladolid. Hierros forjados, aguardiente y tabaco y una potente ganadería, eran riquezas reconocidas de Nueva España en aquella época.
En este Siglo, llamado de las Luces, Nueva España se llenó de catedrales barrocas de estilo propio y las artes en general alcanzaron un gran desarrollo. Este florecimiento en la última década del Siglo XVIII produjo mucha riqueza económica y cultural y México era entonces uno de los países más ricos del mundo.
Sin embargo, la desigualdad social también era notable, como pone de relieve el alemán Humboldt en sus escritos de 1803. Y se desarrollaba una estructura social de castas, que no de clases, cuya cúspide manejaba los grandes recursos.
En orden descendente estaban primero los españoles residentes, gobernantes o mercaderes de alto nivel, a los que seguía la aristocracia criolla muy rica en minas y haciendas. Le seguían los criollos normales que fueron aumentando cada año. Era la sociedad laica formada por abogados, médicos, oficiales del Ejército, mercaderes, etc.
Estos criollos fueron desvinculándose espiritualmente de España y por madurez intelectual se sintieron de Nueva España. Debido al intenso mestizaje comenzaron a sentirse también herederos de los aztecas. Y resaltaban los elementos diferenciadores de su país con respecto a España.
Mientras tanto, muchos jesuitas ilustrados fomentaban la igualdad del ser humano e inauguraban grandes Colegios con acceso abierto al saber de su época. Y por estas vías se daba una corriente de pensamiento muy progresista en Nueva España.
El apoyo prestado por los jesuitas se ve cortado en 1767 con la expulsión de la Orden de todo el Imperio Español por el mal llamado Rey Ilustrado Carlos III La decisión sólo puede calificarse con la perspectiva histórica actual de desastrosa, porque en todos los países de la America Hispana tuvo fatales consecuencias.
La Historia reconoce que la expulsión fue muy ventajosa para Inglaterra y los Estados Unidos, hasta el punto de que si la obra de los jesuitas hubiera acabado de desarrollarse en la Alta California y en Texas, México no hubiera perdido estos territorios. Tal fue el daño causado por Carlos III.
El Decreto de Expulsión terminaba diciendo: “De una vez por lo venidero deben saber los súbditos del Gran Monarca que ocupa el trono de España que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del gobierno”.
Sin embargo, una generación de jóvenes criollos ex alumnos de los Jesuitas tomaron las riendas del movimiento científico y humanista y dieron continuidad al desarrollo de la astronomía, medicina, matemáticas y otras disciplinas científicas y literarias como el periodismo y las publicaciones de gacetas.
A finales del siglo XVIII, se desató un periodo de crisis agrícola que provocó verdadera hambre en la población. Se hizo patente que aparte de las heladas y malas cosechas, se requería tomar medidas políticas de mayor eficacia. Pero enseguida se desató la Revolución Francesa y la Independencia de los EE.UU, que influyeron en las mentes de la población criolla culta.
La desigualdad social y el despotismo ilustrado eran los dos grandes males que la clase criolla atribuía a su pertenencia a España, lo que desató una discusión sobre la necesidad de más autogobierno, bajo la premisa de una mayor igualdad.
Y este es el contexto en que se iniciaron las conspiraciones precursoras como la de 1793 de Guadalajara liderada por el Padre Montenegro y la de 1794 liderada por el contador Juan Guerrero en México, por citar dos de las más importantes.
Visto con retrospectiva histórica, lo que podía haber sido el reconocimiento por España y Nueva España de una nueva situación producto de la evolución y de la madurez, que hubiera obligado a la metrópoli a otorgar pacíficamente la Independencia, terminó desatando un largo proceso de once años de guerra.
Son cuatro las ETAPAS que los historiadores reconocen en el proceso de la Independencia de México, que tomaremos como guión de nuestros reportajes.
Primera Etapa (1810 – 1811). Que abarca desde el “Grito de Dolores” dado por Don Miguel Hidalgo, Padre de la Patria, el 16 de septiembre de 1810 hasta el nombramiento como Jefe Insurgente de Don Ignacio López Rayón el 16 de marzo de 1811. Poco después será fusilado Don Miguel Hidalgo en Chihuahua el 30 de julio de 1811.
Segunda Etapa (1811 – 1815). Que cubre desde el nombramiento de Don Ignacio López Rayón como Jefe Insurgente el 16 de marzo de 1811 hasta el 22 de diciembre de 1815, fecha del fusilamiento del Siervo de la Nación Don José María Morelos.
Tercera Etapa. (1815 – 1820). Que comprende un largo periodo de cuatro años, en que la guerra se transforma en “guerra de guerrillas” con múltiples núcleos de resistencia.
Cuarta Etapa (1820 – 1821). Que abarca el periodo de la “Consumación de la Independencia”.
Puesto que los dos próceres Hidalgo y Morelos entregaron su vida sin ver culminada la obra de la Independencia, en los reportajes a ellos dedicados hemos incluido sendos Epílogos que permiten al lector cerrar las etapa completa de este apasionante periodo histórico.
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