El 28 de enero de 1853 nacía un niño en la Calle Paula Número 41 de La Habana, hijo de Don Mariano Martí Navarro y de Doña Leonor Pérez Cabrera, ambos españoles residentes en Cuba. Su padre era de Valencia (España) y su madre de Santa Cruz de Tenerife (Islas Canarias). Lo bautizaron en la iglesia del Santo ángel, el 12 de febrero del mismo año de 1853.
De su padre sabemos que ingresó en el Ejército Español, en el Cuerpo de Artillería de Valencia, en 1840. Después fue destinado como sargento mayor a La Habana, donde se casó con Doña Leonor el 7 de febrero de 1852.
De su madre Doña Leonor, tenemos datos que hacen referencia a una señora cuidadosa con las labores de su casa, que no fueron pocas, ya que tuvo ocho hijos, de los que el mayor era nuestro prócer José Julián y siete mujeres llamadas Leonor Petrona, Mariana Matilde (Ana), María del Carmen (La Valenciana), María del Pilar, Rita Amelia, Antonia Bruna y Dolores Eustaquia. A José Martí lo llamaba a veces Pepe.
En 1857 el matrimonio marchó a Valencia (España) con su hijo José de 4 años y allí estuvo hasta 1859 que regresaron de nuevo a La Habana donde vivieron en la calle de la Merced 40, en la de los ángeles 56, etc. donde el niño José Martí iba al Colegio del barrio de Santa Clara.
Posteriormente, por octubre de 1862, el niño José Martí de 9 años, acompañó a su padre que trabajaba como juez pedáneo en la Ciénaga de Zapata, que está al sur de la provincia de Matanzas. Su hijo José Martí le ayudaba como escribano. De esta época hay una carta a su madre muy cariñosa en la que se despide diciendo "su obediente hijo que la quiere con delirio".
A finales de 1863, volvió con su padre a La Habana y siguió estudiando en el Colegio de San Anacleto donde conoció al que sería después su amigo, Fermín Valdés Domínguez, médico, escritor e intelectual, que le acompañó en el exilio y en sus acciones revolucionarias.
Hay que anticipar que Doña Leonor sobrevivió a seis de sus hijos y a su esposo, y vio a su único hijo varón en el Presidio de las Canteras de San Lázaro, por su pertenencia a los movimientos patrióticos que luchaban por la Independencia de Cuba.
Las cartas entre José Martí y su madre son de una gran ternura. Valga de ejemplo el verso que con 16 años le dedica al dorso de su conocida foto en presidio:
"Mírame, madre, y por tu amor no llores
si esclavo de mi edad y mis doctrinas
tu mártir corazón llené de espinas,
piensa que nacen entre espinas, flores."
También su padre, hasta su muerte que sobrevino el 2 de febrero de 1887 en La Habana, dedicó enormes esfuerzos por conseguir protección para su hijo, metido de lleno en una rebeldía adolescente, por la independencia de Cuba. Al final consiguieron sacar a su hijo del presidio y lograron que viniera a España, donde hizo una brillante carrera, sin abandonar nunca la lucha por la causa que él quería.
El 10 de octubre de 1868 se inició la revolución separatista con el incendio de Bayamo, siendo jefe de la insurgencia, Don Carlos Manuel de Céspedes. El joven José Martí tenía entonces 15 años y estudiaba en el Colegio de San Pablo, donde era maestro el ilustre poeta y educador Don Rafael María de Mendive.
A lo largo del año 1868 José Martí escribió sus primeros versos, entre los que destacan, "carta de madrugada" (dirigida a sus hermanas), "a mi madre" y a "linda hermanita mía". Y en enero de 1869, Martí publicó su periódico, "El Diablo Cojuelo".
Un grave incidente se produjo en octubre de 1869, con un ex alumno del Colegio de San Pablo, que se había adscrito a este Cuerpo de Voluntarios, a partir de que recibiera una carta muy recriminatoria por su adscripción. Se abrió una investigación que concluyó demostrando que la escribió José Martí y su amigo Fermín Valdés.
Este incidente supuso una condena para José Martí en abril de 1870, de seis años de prisión y para su amigo Fermín Valdés, de seis meses. Tiene entonces 16 años, y debe cumplir su condena en la Prisión de las Canteras de San Lázaro, lugar desde el que escribe a su madre Doña Leonor, la poesía que hemos apuntado antes.
Pasados cinco meses de prisión fue indultado por el Capitán General Don José María Sardá, que acordó enviarlo a la Isla de Pinos a una finca bajo su control. Pero el 15 de enero de 1871 las autoridades españolas, por gestiones efectuadas por sus padres, lo enviaron vigilado a España, lo que hizo en el buque Guipúzcoa con rumbo a Cádiz.
Llegado a Madrid, habitó en una casa de huéspedes, en la Calle del Desengaño, número 10, que está en el cruce con la del Barco, muy cerca del Edificio de Telefónica de la Gran Vía, a la que se llega muy bien desde la Estación de Metro de Callao. En la fachada del edificio hay una placa conmemorativa que dice "En ésta casa vivió José Martí, Héroe Nacional de Cuba (1853-1895). El Pueblo de Madrid en su CXXXIII aniversario (25 de Enero de 1986)"
Se matriculó en la Universidad Central de Madrid y luego marchó a Zaragoza, donde se licenció en Derecho Civil y en Filosofía y Letras.
Para hacer esta crónica nos fuimos a la Calle de Manifestación número 13, muy cerca de la Basílica del Pilar de Zaragoza, donde hay una placa con su busto y su poesía:
Para Aragón, en España
tengo yo en mi corazón
un lugar todo Aragón
franco, fiero, fiel, sin saña.
José Martí.
A esta estrofa en sus Versos Sencillos sigue esta otra:
Si quiere un tonto saber
por qué lo tengo, le digo
que allí tuve un amigo
que allí quise a una mujer.
Y la última estrofa dice:
Amo la tierra florida
musulmana o española
donde rompió su corola
la poca flor de mi vida.
El amigo al que hace alusión, era el pintor Pablo Gonzalvo, de Zaragoza, que conoció estudiando en Madrid, que le había mostrado grandes obras del arte español. Y la mujer que menciona era Blanca de Montalvo, un flechazo de amor que tuvo en Zaragoza, que fue apagándose cuando José Martí se fue a París y de allí a México. Esta señorita se casó después con don Manuel Pastor, catedrático de la Facultad de Medicina de esta ciudad.
Lo más característico de José Martí fue su universo polifacético, pues destacó como político, filósofo, escritor y poeta. En esta variedad radicaba su personalidad. Su estrella brilló en todas estos campos, pero había uno, que el destino no le otorgó: la de estratega militar en campaña. Y por eso fue una pena muy grande su muerte.
Cuando la Guerra de la Independencia se recrudeció, se adhirió a la batalla y desoyó las indicaciones del General Patriota Don Máximo Gómez, que le mandó detenerse y permanecer en el lugar acordado. En el transcurso de un fuerte combate en la localidad de Dos Ríos, se sintió mal viendo a los demás pelear. Se separó del grueso de la tropa y cabalgó casi solo.
Se convirtió en un blanco seguro para los fusileros, atrincherados en la maleza. Nadie reparó en quien era. Lo cierto es que cuando acabó la batalla, allí estaba el Apóstol de Cuba. ¡No murió como era su deseo de frente y con la cara al sol! ¡Era un día muy lluvioso y gris!
Esbozada la extraordinaria personalidad de nuestro prócer, en el próximo reportaje, analizaremos la situación y los antecedentes que condujeron a la Independencia de Cuba, bajo el liderazgo inicial e indiscutible de Don José Martí.
Debido a que nuestro prócer entregó heroicamente su vida sin ver culminada su obra, crónicashispanas.com le dedicará un Epílogo que complementa el proceso de la Independencia de nuestra siempre admirada Cuba.
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