“N ingún hombre ha recibido de la Naturaleza el derecho a mandar sobre otros. La libertad es un presente del cielo, y cualquier individuo de nuestra misma especie tiene el derecho a disfrutar de ella de la misma manera que disfruta de la razón”.
Esta es la definición que da el Diccionario de la Encyclopedia de Diderot de finales del Siglo XVIII sobre “Autoridad Política”. Tales eran las ideas de la Ilustración, que alumbraban en el Siglo de Las Luces, las mentes de los pensadores y filósofos avanzados.
La Ilustración revindicaba que el poder lo ejerce el soberano en nombre del pueblo al que gobierna, a lo que se sumaba en Nueva España un principio de igualdad de acceso a la cultura para todo el género humano, que defendía la Orden de los Jesuitas con la educación humanística y científica avanzada que impartía.
A finales del Siglo XVIII. Nueva España era una sociedad consciente de su madurez y emprendió la consolidación de su presencia en Texas y en la Alta California a través de las Misiones Jesuíticas. Esta presencia tenía raíces históricas en los Exploradores españoles del Siglo XVI y XVII. Con ello, Nueva España alcanzó las proporciones de un enorme territorio.
También a finales delSiglo XVIII un número no pequeño de emigrantes del Norte de España sobre todo gallegos, asturianos y vascos marcharon a México. Su asentamiento fue generando una clase media criolla bien definida y la velocidad de mezcla crecía entre todas las etnias de Nueva España.
En el siglo XVIII, Nueva España se fue haciendo cada vez más próspera. Por ejemplo, la producción en plata igualó en cantidad a la del resto del mundo. Y en la rama textil eran famosos los telares de Puebla, Guadalajara, Oaxaca y Valladolid. Hierros forjados, aguardiente y tabaco y una potente ganadería, eran riquezas reconocidas de Nueva España en aquella época.
En este Siglo, Nueva España se llenó de catedrales barrocas de estilo propio y las artes en general alcanzaron un gran desarrollo. Este florecimiento en la última década del Siglo XVIII produjo mucha riqueza económica y cultural y México era entonces uno de los países más ricos del mundo.
Sin embargo, la desigualdad social también era notable, como pone de relieve el alemán Humboldt en sus escritos de 1803. Y se desarrollaba una estructura social de castas, que no de clases, cuya cúspide manejaba los grandes recursos.
En orden descendente estaban primero los españoles residentes, gobernantes o mercaderes de alto nivel, a los que seguía la aristocracia criolla muy rica en minas y haciendas. Le seguían los criollos normales que fueron aumentando cada año. Era la sociedad laica formada por abogados, médicos, oficiales del Ejército, mercaderes, etc.
Estos criollos fueron desvinculándose espiritualmente de España y por madurez intelectual se sintieron de Nueva España. Debido al intenso mestizaje comenzaron a sentirse también herederos de los aztecas. Y resaltaban los elementos diferenciadores de su país con respecto a España.
Mientras tanto, muchos jesuitas ilustrados fomentaban la igualdad del ser humano e inauguraban grandes Colegios con acceso abierto al saber de su época. Un ejemplo de lo que esto significó fue Valladolid, hoy Morelia, centro de la cultura avanzada de Nueva España.
El apoyo prestado por los jesuitas se vio cortado en 1767 con la expulsión de la Orden de todo el Imperio Español por el Rey Carlos III La decisión sólo puede calificarse con la perspectiva histórica actual de desastrosa, porque en todos los países de la America Hispana tuvo fatales consecuencias.
La Historia reconoce que la expulsión fue muy ventajosa para Inglaterra y los Estados Unidos , hasta el punto de que si la obra de los jesuitas hubiera acabado de desarrollarse en la Alta California y en Texas, México no hubiera perdido estos territorios. Tal fue el daño causado por Carlos III.
El Decreto de Expulsión terminaba diciendo “De una vez por lo venidero deben saber los súbditos del Gran Monarca que ocupa el trono de España que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir ni opinar en los altos asuntos del gobierno”.
Observe el lector la contradicción flagrante entre el contenido de este Decreto y la definición que sobre “Autoridad Política” daba el Diccionario de la Encyclopedia con la que hemos iniciado este reportaje.
Sin embargo, una generación de jóvenes criollos ex alumnos de los Jesuitas tomaron las riendas del movimiento científico y humanista y dieron continuidad al desarrollo de la astronomía, medicina, matemáticas y otras disciplinas científicas y literarias como el periodismo y la publicación de gacetas.
Sería ingenuo pensar que en España no entraban también con fuerza las nuevas corrientes de pensamiento y que no se cuestionaba en toda la clase culta de le época el poder absoluto de los reyes y el dominio ejercido por la aristocracia. La diferencia radicaba en que los mismos principios e ideas iban a inspirar objetivos distintos en España y en Nueva España por razón de la dependencia política de la segunda con respecto a la primera.
Un periodo de crisis agrícola que se presentó en Nueva España a finales del siglo XVIII, puso de manifiesto que aparte de las heladas y malas cosechas, se requería tomar medidas políticas de mayor eficacia. Pero enseguida se desató la Revolución Francesa y la Independencia de los EE.UU, que influyeron mucho en las mentes de la población criolla culta.
La desigualdad social y el despotismo ilustrado eran los dos grandes males que la clase criolla atribuía a su pertenencia a España, lo que desató una discusión sobre la necesidad de más autogobierno, bajo la premisa de una mayor igualdad.
Y este es el contexto en que se iniciaron las conspiraciones precursoras como la de 1793 de Guadalajara liderada por el Padre Montenegro y la de 1794 liderada por el contador Juan Guerrero en México, por citar dos de las más importantes.
Y lo que podía haber sido el reconocimiento por España y Nueva España de una nueva situación producto de la evolución y de la madurez, que hubiera obligado a la metrópoli a otorgar pacíficamente la Independencia, terminó desatando un largo proceso de once años de guerra .
Son cuatro las Etapas que los historiadores reconocen en el proceso de la Independencia de México, que tomaremos como esquema de nuestros reportajes.
Primera Etapa (1810 – 1811). Que abarca desde el “Grito de Dolores” dado por Don Miguel Hidalgo, Padre de la Patria, el 16 de septiembre de 1810 hasta el nombramiento como Jefe Insurgente de Don Ignacio López Rayón el 16 de marzo de 1811. Poco después será fusilado Don Miguel Hidalgo en Chihuahua el 30 de julio de 1811.
Segunda Etapa (1811 – 1815). Que cubre desde el nombramiento de Don Ignacio López Rayón como Jefe Insurgente el 16 de marzo de 1811 hasta el 22 de diciembre de 1815, fecha del fusilamiento del Siervo de la Nación Don José María Morelos.
Tercera Etapa. (1815 – 1820). Que comprende un largo periodo de cuatro años, en que la guerra se transforma en “guerra de guerrillas” con múltiples núcleos de resistencia.
Cuarta Etapa (1820 – 1821). Que abarca el periodo de la “Consumación de la Independencia”.
Puesto que los dos próceres, Hidalgo y Morelos, entregaron su vida sin ver culminada la obra de la emancipación, en los reportajes a ellos dedicados hemos añadido un suplemento final, que permite al lector cerrar las etapa completa de la Independencia.
Nuestro próximo reportaje irá dedicado a la situación de España en 1808 cuando es invadida por las tropas de Napoleón.
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