La triste pérdida de Morelos determinó la dispersión de los patriotas y la Insurgencia tomó la forma de guerra de guerrillas., con muchos núcleos de resistencia. Tres de ellos tenían especial importancia, el de Guadalupe Victoria en Puebla, el de Vicente Guerrero en Oaxaca y el de Francisco Javier Mina en la zona centro.
El caso de Francisco Javier Mina merece algún comentario. Era un español que se había distinguido en la lucha contra Napoleón, en la heroica ciudad española de Zaragoza. Mina conoció a Servando Teresa de Mier, que le convenció de que podía prolongar su lucha contra Fernando VII por traición a las Cortes de Cádiz, En Nueva España a favor de la Insurgencia.
Adquirió tres naves de ayuda en Inglaterra y Estados Unidos y desembarcó en Soto de Marina en abril de 1817. Y se incorporó a la Insurgencia de Pedro Moreno. Después de varias victorias iniciales, cayó Pedro Moreno y Mina fue fusilado en la Hacienda de Venadito.
El nuevo Virrey Ruiz de Apodaca inició una política de indultos aplicada a toda la insurgencia, y ello condujo a una decadencia y a una falta de entusiasmo por la lucha. Por otra parte, se desarrollaban frecuentes saqueos de haciendas y propiedades, a veces con pérdidas de vidas, por grupos incontrolados, al calor de la Guerra de Independencia. Y esta situación no era bien vista por los criollos.
La Insurgencia estaba agotada por el año 1820 y casi toda se acogía a los indultos del Virrey. Pero en 1820, España entró en el Trienio Liberal, que obligó a Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz y a aplicar políticas progresistas y liberales. Entre otras, se promulgaron leyes contra la influencia del clero y de sus privilegios.
Esto no fue bien visto en Nueva España, que con el beneplácito de la Iglesia oficial, crearon una conspiración como la de 1808 para derrocar al Virrey Ruiz de Apodaca, que recibió el nombre de “Conspiración de la Profesa”. Así es como la clase alta y muchos criollos “bienpensantes”se confabularon para desvirtuar por completo el origen popular de la Insurgencia, propugnado por Hidalgo y Morelos.
Y por este camino, encontraron en el criollo Don Agustín Iturbide la solución. Este militar había luchado contra la Insurgencia de Hidalgo y Morelos, era muy conservador, nacido en Valladolid (Morelia), de gran religiosidad, y con mucha ambición. Iturbide culminó la lucha con la Insurgencia en el Sur donde peleaba contra Don Vicente Guerrero, pactando con él la anulación de toda resistencia. El nuevo Virrey Don Juan O´Donojú se manifestó proclive a la fórmula de Iturbide.
La solución encontrada se llamó el Plan de Iguala o de las Tres Garantías que eran: 1) México será una nación independiente, que se gobernará por un monarca real de una dinastía europea, sin excluir a la de Borbón. 2) La Iglesia Católica es la única religión verdadera y será la oficial de México, con todos sus privilegios y dignidades. 3) Los peninsulares y los criollos tendrán los mismos derechos y obligaciones.
Para garantizar este acuerdo, se creó un Ejército llamado Trigarante (Tres Garantías) que se puso bajo las órdenes de Iturbide. Y así es como México entró en la Independencia, el 28 de septiembre de 1821, de la mano de un Golpe de Estado al Virrey y desvirtuando el origen eminentemente popular de la Insurgencia original de Hidalgo y Morelos.
El 28 de septiembre, se creó una Junta de Gobierno para convocar un Congreso, que redactara una Constitución y una bandera. Y se celebraron elecciones. La mayoría de los diputados elegidos eran de la facción republicana y de signo progresista. Los monárquicos estaban en minoría.
Los monárquicos tenía dos corrientes: la borbonista que propugnaba la lealtad al Rey Fernando VII y la iturbidista que quería iniciar una monarquía mexicana con Iturbide de Rey. Este es el momento en que las Cortes Españolas, declaran ilegítimo los acuerdos del Plan de Iguala de las Tres Garantías.
La situación embarranca sin salida. Y ambos bandos, liberales y conservadores, se unen para favorecer la fórmula monárquica con rango de Imperio en la persona de Iturbide, con el nombre de Emperador de México Agustín I.
La coronación fue en mayo de 1822 y se hizo con grandes festejos y con inusual boato. Se programó un gran desfile con Iturbide al frente y se hicieron grandilocuentes declaraciones sobre el bienestar y la felicidad que esperaban a los mexicanos una vez independientes de España.
Se hicieron muy pocos análisis de la situación real de Nueva España y como había que reconducir a la nueva Nación, que por otra parte estaba agotada y en muchos aspectos paralizada por la larga guerra.
Este artificio no dio resultado a la corta, pues ya en agosto de 1822 se iniciaron varias conspiraciones, una de las cuales, la de Veracruz con Antonio López de Santa Anna al frente, proclamó unilateralmente la República. En marzo de 1823, Iturbide se arrancó la corona y se fue del país. Y en abril de 1823 se organizó un triunvirato como poder ejecutivo.
En noviembre de 1823, un Congreso proclamó la República y elaboró una nueva Constitución que se aprobó en 1824, donde se declaraba la división de poderes. Se añadía que la religión Católica era la verdadera y oficial de México. Se garantizaba la libertad de imprenta y expresión. Las conquistas populares iban tomando expresión.
Agustín Iturbide se exilió en Europa. En su ausencia, el Congreso lo declaró traidor a la Nación y dictó su apresamiento si volvía a México. Y esto fue lo que hizo alegando que desconocía este veredicto del Congreso, por lo que fue detenido y fusilado.
Después de algunos intentos fracasados de reconquista por España, con expediciones que partían de Cuba, no es hasta 1836 en que España firmó el Tratado de Reconocimiento de la Independencia de México estampando su firma Doña María Cristina de Borbón esposa del difunto Fernando VII y Don Miguel Santamaría Plenipotenciario de la República Mexicana.
La Independencia de México fue una gran epopeya histórica, que no podemos más que recordar con admiración Desde cronicashispanas.com nos sumamos la celebración de su Bicentenario.
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