Retomamos a nuestro Prócer Don Miguel Hidalgo, que habíamos interrumpido en la Conspiración de Querétaro en el reportaje 1, para enmarcar los acontecimientos de la Guerra de la Independencia en la situación política y social de Nueva España y España en este periodo.
Delatados los conspiradores entre el 12 y 13 de septiembre de 1810 ante las autoridades virreinales, éstas procedieron a la detención de sus componentes. Don Miguel Domínguez tuvo que actuar como Corregidor y por precaución encerró a su mujer Doña Josefa Ortiz en su habitación.
Entre las detenidos fueron apresados los hermanos González, Don Epigmenio y Don Emeterio que guardaban armas en su domicilio. Entretanto “la Corregidora”, como llamaban a Doña Josefa Ortiz, hizo llegar a través de Don Ignacio Pérez, un mensaje, que le entregó por el hueco de la cerradura.
En este mensaje, Doña Josefa advertía al resto de conspiradores, entre los que estaban el capitán Aldama, el capitán Allende y el cura Don Miguel Hidalgo, que habían sido descubiertos. En una veloz carrera a caballo Don Ignacio Pérez llegó a San Miguel.
Y allí le relevó Don Juan Aldama, que siguió a caballo hacia Dolores para hacer conocer el mensaje a Allende y a Hidalgo y llegó el 15 de septiembre. Y esa misma noche llegaron a la conclusión de adelantar el pronunciamiento a la madrugada del día 16 de septiembre de 1810.
Algunos autores describen gráficamente los hechos. Al entrar en la recámara de Don Miguel Hidalgo los capitanes Allende y Aldama, lo despertaron por el ruido. Y mientras le relataban los hechos, se iba vistiendo y cuando se calzaba las medias dijo: “Caballeros, somos perdidos. Aquí no hay más recurso que ir a coger gachupines”.
Ya vestido, mandó llamar a su hermano Don Mariano Hidalgo y con Aldama y Allende, más diez hombres armados, fueron a prender al alcalde Rincón, que les entregó sin resistencia las llaves de la cárcel donde pusieron en libertad a los presos. En total sumaban unos 80 hombres.
Dejaron incomunicados a los 17 españoles que habitaban en Dolores y de allí se dirigieron a la Iglesia de la ciudad. Era las cinco de la madrugada del día 16 de septiembre de 1810.
Ante el repique de campanas el pueblo acudió extrañado por la hora de misa que se anticipaba, cuando Don Miguel Hidalgo, dirigió en el atrio un breve discurso acusando a los españoles de mal gobierno, que terminó con el grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva el Rey Fernando VII! ¡Abajo el mal gobierno!. Con este grito, llamado “El Grito de Dolores” daba comienzo a la Guerra de la Independencia.
De Dolores salió una marcha de unos 300 hombres, que iban sumando cada día más adeptos, encabezados por Hidalgo, Aldama y Allende que portaban el estandarte de la Virgen de Guadalupe tomado de la iglesia de Totonilco y un retrato de Fernando VII. El Regimiento de Dragones de la Reina, que había decidido adherirse, iba detrás.
Entraron en Celaya y tomaron sin dificultad esta ciudad, que está a unos 50 Km. al oeste de Querétaro y allí el ejército insurgente realizó un saqueo. En Celaya nombraron a Hidalgo General del Ejército y a Allende y Aldama, Tenientes Generales. En ese momento el Ejército Insurgente alcanzaba la cifra de unos 50.000 hombres.
Continuaron camino y tomaron Salamanca, Irapuato y Silao sin resistencia. La siguiente ciudad a tomar fue Guanajuato. Don Miguel Hidalgo, que conocía al Regidor de la Ciudad, Riaño, le envió un mensaje de capitulación, pero éste se negó contestando que “lucharía como un soldado hasta morir” ,como así hizo, pues fue de los primeros en caer en el encuentro con el ejército insurgente.
La toma de Guanajuato no se hizo sin resistencia, pues el regidor Riaño utilizó como refugio la Alhóndiga de Granaditas donde esperaba aguantar con víveres la embestida. Pero un patriota insurgente rompió la puerta de entrada y tras una lucha cuerpo a cuerpo, los defensores fueron vencidos muriendo en el combate. La ciudad fue después saqueada.
Con respecto a los saqueos, la cúpula dirigente tuvo discusiones y divergencias. Pero Don Miguel, terminó publicando un bando amenazando con la pena de muerte a los saqueadores, pues era evidente que pasados los primeros momentos, los saqueos restaban prestigio y adhesión a los Insurgentes.
La reacción eclesiástica no se hizo esperar, pues el Obispo Abad y Queipo de Michoacán, por otra parte amigo de Don Miguel Hidalgo, publicó un edicto el 24 de septiembre excomulgando a Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo. La excomunión fue extendida a toda la insurgencia por los obispos de Ciudad de México y de Guadalajara.
La siguiente ciudad a tomar era Valladolid. El grueso de las fuerzas realistas y mucha población habían evacuado la ciudad, por lo que entraron sin resistencia. Una pequeña comisión formada por el capitán Jose María Arancivía y el canónigo Betancourt se entrevistaron con Hidalgo.
La tropa que encontró en Valladolid era sólo de 70 hombres, al mando de Don Agustín Iturbide que rechazó el ofrecimiento de Hidalgo de unirse a la Insurgencia. El Ejército tenía unos 80.000 hombres en este momento.
De Valladolid se dirigieron otra vez a Guanajuato y por el camino hicieron una breve parada en Charo (a unos 11 Km. de Morelia), donde tuvo lugar el encuentro entre Don Miguel Hidalgo y el cura párroco de Curácuaro, Don José María Morelos. Este último, había sido alumno de Don Miguel Hidalgo en el Colegio de San Nicolás.
En la entrevista Morelos le pidió a Hidalgo ser capellán de su Ejército Insurgente, pero no se lo concedió y le encomendó la muy importante misión de organizar un Ejército del Sur y tomar Acapulco, ciudad costera estratégica de la ruta oriental con Filipinas. Nunca más volvieron a verse.
Invitamos a nuestros lectores a entrar en la serie de cronicashispanas.com dedicadas expresamente al prócer Don José María Morelos donde se detalla las heroicas campañas que siguieron a esta despedida.
Desde Guanajuato, Hidalgo como generalísimo y Allende, Aldama, Abasolo y Jiménez como tenientes generales, acompañados de una cúpula de distinguidos Insurgentes a los que seguía un numeroso ejército, tomaron la dirección de Toluca, ciudad que está ya a unos 50 Km. de Ciudad de México.
Toluca es hoy la capital del Estado de México, uno de los 31 Estados que componen su estructura federal, con unos 1.715.000 habitantes a la que dedicaremos lo que resta de este reportaje.
Toluca significa “donde está el dios Tolotzin”. Sus primeros habitantes son del Siglo VII, los matlazincas. Los aztecas la conquistaron en 1473 y le pusieron el nombre de Toluca. En 1522 fue atacada por los españoles y la llamaron Toluca de San José, pero fue oficialmente fundada por un grupo de misioneros el 19 de marzo de 1522.
Toluca es un gran centro industrial de México. Montaje de automóviles, procesados químicos y farmacéuticos, alimentos de envase, textiles, etc. constituyen su actividad principal. También tiene una agricultura importante en su zona.
En Educación tiene varias Universidades e Institutos Politécnicos y cuatro Escuelas Normales de preparación de profesores. El Centro de Estudios Superiores del Instituto de Monterrey, la Universidad del Valle de México y el Conservatorio de Música son famosos en México. En Toluca está la Sede de la Televisión Mexiquense, que es la Televisión regional del Estado de México.
Tiene una gran riqueza turística. La Santa Veracruz, al costado de la Catedral, la Iglesia de la Merced y el Templo de Santa María de Guadalupe son muestras inolvidables. Los portales de Toluca bordean cualquier calle del Centro y son de una belleza sin igual. Un lugar único es su Jardín Botánico y Cosmovitral. La luz entra por los cristales y uno se encuentra sumergido en un mundo mágico de colores.
La gastronomía es la típica mexicana con su espléndida variedad de platos y sabores. Hay un licor de naranja llamado “Los Moscos” con un excelente sabor y distintas gradaciones de alcohol. Se dice que “ir a Toluca y no llevarse una botella de Moscos, es como ir a Acapulco y no bañarse”.
En nuestro próximo reportaje continuaremos relatando las acciones del Ejército Insurgente, con Hidalgo, Aldama, Allende, Abasolo y Jiménez a la cabeza.
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