Cuando España fue invadida por las tropas napoleónicas en mayo de 1808, las autoridades eclesiásticas de Nueva España de las que dependía Don José María Morelos hicieron colectas en todo México para ayudar a las Juntas de Gobierno españolas que organizaban la resistencia. En estas fechas llegaba también a México la noticia del asalto inglés a Buenos Aires.
Don José María Morelos contribuyó con 20 pesos y escribió una carta en la que decía “estoy prontísimo a ofrecer la vida por la católica religión y por la libertad de nuestro soberano”. La situación en España empeoraba día a día y el país era una guerrilla entera como ya se ha relatado en el reportaje anterior.
En junio de 1808 llegaron a Nueva España noticias del Motín de Aranjuez y del levantamiento de Madrid el 2 de mayo y por julio, de la abdicación y secuestro de Fernando VII por Napoleón. La situación se tornó inquietante y la cúpula de poder del Virreinato se dividió en grupos que interpretaban de distinta manera los hechos.
Por una parte estaba el grupo partidario de la Real Audiencia que defendía que el poder de Nueva España seguía estando en Fernando VII, aunque momentáneamente estuviera secuestrado. Y ello implicaba que todo debía seguir como estaba. Otro grupo con mayoría de criollos se adhería a la tesis del Ayuntamiento de México, que propugnaba reformas en el Virreinato.
El grupo del Ayuntamiento propuso al Virrey la creación de una Junta de Gobierno como las que se originaban en España, pero autónoma en su quehacer. Este planteamiento no excluía al Virrey que quedaría como Capitán General para defender la integridad del territorio frente a terceros.
El Virrey Don José de Iturrigaray se adhirió a este planteamiento, ya que entre otras cosas veía amenazado su futuro, toda vez que su benefactor era el Ministro de España Godoy que había sido expulsado en el Motín de Aranjuez. Pero la Real Audiencia de Nueva España no aceptó esta solución y sólo votó a favor Don Jacobo de Villaurrutia el único miembro criollo de esta Institución.
El 28 de julio llegaron noticias del levantamiento en armas del pueblo español y de la constitución de más Juntas de Gobierno. Estas noticias dieron pie al Virrey para convocar una Junta el 9 de agosto de 1808, a la que fueron citados los representantes civiles, militares y eclesiásticos del Virreinato hasta totalizar ochenta y dos asistentes
Pero los miembros de la Audiencia asistieron manifestando su protesta, menos Villaurrutia, porque según afirmaban era obligatorio acatar a la Junta de Sevilla. En esta reunión, los miembros del Ayuntamiento, Don Francisco Primo de Verdad y Don Francisco Azcárate propusieron que ante la ausencia del monarca, la soberanía pasara al pueblo representado por los ayuntamientos, los cabildos y la estructura eclesiástica reunidos en un Congreso.
Este Congreso tendría que nombrar a una Junta de Gobierno que prestaría juramento de fidelidad a Fernando VII. El Virrey estuvo de acuerdo. Pero la Audiencia se distanció aun más de esta fórmula y del Virrey.
La llegada de dos comisionados de la Junta de Sevilla alteró el calendario de los acontecimientos. El 31 de agosto en presencia de estos comisionados, la Audiencia aprovechó la ocasión para deshacer las resoluciones del 9 de agosto y manifestar la ineptitud del Virrey. Pero al Virrey le había llegado también una misiva de la Junta de Asturias, que se declaraba soberana de la Junta de Andalucía.
Así que el Virrey convocó una nueva reunión para el 1 de septiembre en la que insistió en que ninguna de las Juntas formadas en España dependía de otra, por lo cual escribió cartas a las Juntas de Sevilla y de Asturias, notificándoles la resolución de la creación de la Junta de México. Además enviaba catorce millones y medio de pesos de las cajas del Tesoro, que fueron embarcados en Veracruz. También donó a la Junta de Sevilla cien mil pesos para ayudarle en la guerra contra Francia.
El 9 de septiembre se celebró una Junta General que sólo sirvió para enardecer los ánimos de las dos facciones y las fuerzas conservadoras pusieron en marcha la falsedad de que el Virrey iba a quemar el Santuario de Guadalupe y a repartir títulos nobiliarios entre miembros de su familia.
Era el proceder característico de la reacción conservadora española, cuyo comportamiento no era distinto al de la metrópoli. De hecho era la misma que derrumbó las conquistas liberales de las Cortes de Cádiz con el beneplácito del nefasto rey Fernando VII, el tan “deseado” rey que encarnaba a la Nación Española.
Lo cierto es que muchos peninsulares respaldados por los dos comisionados llegados de la Junta de Sevilla decidieron dar un golpe de Estado, asaltar el palacio virreinal con 300 hombres y destituir al Virrey el 15 de septiembre de 1808. En su sustitución fue nombrado Don Pedro de Garibay, natural de Alcalá de Henares (España) de 80 años de edad, el militar de mayor graduación, que gobernó siguiendo los deseos de la Real Audiencia de Nueva España hasta mayo de 1809.
Don Francisco Primo de Verdad, Don Francisco Azcárate y el fraile Don Melchor de Talamantes fueron apresados e ingresados en prisión. Y el Virrey y su familia fueron llevados al navío San Justo rumbo a Cádiz donde le siguió un proceso judicial. En 1810 se le declaró inocente, pero después de su muerte en 1815 en Madrid se reabrió el caso y lo declararon culpable. Era oriundo del País Vasco, pero él era andaluz nacido en Cádiz.
La Real Audiencia de Nueva España falseó los acontecimientos a la Junta de Sevilla y dijo que el pueblo enardecido había derrocado al virrey. El nuevo Virrey se puso a las órdenes de la Junta de Sevilla. Obsérvese las diferencias de estos acontecimientos con la de otros países del Imperio Español como Venezuela, Argentina, etc. que el lector podrá seguir en los reportajes de otros próceres. En México se malogró la formación de una Junta de Gobierno por un golpe de Estado de los conservadores.
En septiembre de 1809 se organizó una conjura en Valladolid (Michoacán) con participación de Don José Mariano Michelena, Don José María García Obeso, Don Mariano Quevedo, el cura de Huango y otros patriotas que promovían un levantamiento para el 21 de diciembre de 1809. Pero un cura de la Catedral de Morelia, los delató y pasaron a prisión casi cuarenta personas. El Virrey les concedió la libertad, pero fue muy criticado por esta decisión.
Una nueva conspiración se formaba en Querétaro integrada por el corregidor de la ciudad, Don Miguel Domínguez y su esposa Doña Josefa Ortiz con la participación de los militares Allende, Don Juan Aldama y Abasolo. A ellos se sumó el cura de Dolores, Don Miguel Hidalgo.
Se reunían bajo el pretexto de celebrar tertulias literarias, pero cuya verdadera intención era dar un golpe el 8 de diciembre de 1810, el día de la Inmaculada Concepción. Pero finalmente se fijo la fecha del 2 de octubre del mismo año. La Historia conoce esta conspiración como “Conspiración de Querétaro”.
Don Miguel Hidalgo inició la construcción de armas y enseres de guerra. El militar Allende convenció a los Regimientos de Dragones de unirse a la causa. Y también consiguieron el apoyo de San Luis de Potosí e incluso de amigos en la Ciudad de México. Pero un conspirador desconocido advirtió a las autoridades eclesiásticas de la existencia de la conspiración. Y al día siguiente el propio corregidor Don Miguel Domínguez, que como hemos dicho estaba en la trama, recibió la orden de apresarlos.
A los patriotas Epigmenio y Emeterio González les encontraron mucha parte del armamento que guardaban en su casa, por lo que fueron detenidos. El 15 de septiembre por la noche Doña Josefa Ortiz tuvo tiempo de enviar un mensajero al alcaide Don Ignacio Pérez, que debía poner la situación en conocimiento de los demás conjurados. Por los actos heroicos de Doña Josefa Ortiz en la Independencia de México le hemos dedicado una serie completa de reportajes en crónicashispanas.com
Don Ignacio Pérez montó a caballo para informar al resto y sin descanso llegó a San Miguel donde contactó con Don Juan Aldama. A su vez Don Juan Aldama marchó velozmente a Dolores, donde llegó en la madrugada del 16 de septiembre para informar a Allende y a Miguel Hidalgo. Ante esta situación, el cura Don Miguel respondió. “Veo que estamos perdidos y que no queda más remedio que ir a coger gachupines” .
Hacemos un paréntesis para indicar que el término “gachupín” según los filólogos más relevantes viene del apellido hidalgo español “Cachopines” originario de Laredo (Cantabria España) que lo usó Cervantes en un pasaje de El Quijote. Denota a un personaje estereotipo de hidalgo prepotente. El término “cachopines” ha dejado de usarse en España. En Perú el término equivalente es “chapetón”.
Iniciaremos nuestro próximo reportaje con el Grito de Dolores y la formación del grupo insurgente liderado por Don Miguel Hidalgo.