Culminamos nuestro último reportaje con Don Miguel Hidalgo marchando hacia Valladolid con un puñado de seguidores, donde por un acuerdo con Allende debía permanecer, hasta conseguirle refuerzos que enviaría a Guanajuato. Pero Hidalgo no cumplió lo acordado y decidió ir a Guadalajara.
Esto motivó gran disgusto en Allende y distanciamiento entre estos dos próceres, que fue máximo cuando Allende se enteró de que Hidalgo, por no contradecir a los insurgentes que le acompañaban, permitió el fusilamiento de cuarenta españoles en Valladolid.
Una consecuencia de esto, fue que el ejército del Virrey al mando del General Calleja se dirigió a Guanajuato y venció a Don Ignacio Allende en la Batalla del mismo nombre, perdiendo los insurgentes esta ciudad. Al llegar a Guanajuato, el General Calleja se enteró de la matanza de 138 españoles presos en la Alhóndiga de Granaditas y encolerizado mandó fusilar a 30 patriotas sospechosos. Tal era el espíritu de venganza mutua a que había llegado aquella situación.
Entretanto Don Miguel Hidalgo continuaba su marcha hacia Guadalajara que había sido tomada por los Insurgentes del patriota Don José Antonio Torres a primeros de noviembre y llegó el 26 de noviembre de 1810, mientras que Allende llegó a esta ciudad el 12 de diciembre. Y allí trataron de organizar la Insurgencia.
Ante la noticia de que se tramaba una conspiración para que las tropas realistas tomaran Guadalajara con el Ejército del General Calleja, Hidalgo toleró el fusilamiento de 80 sospechosos al que siguieron otros fusilamientos de la misma magnitud. Sus lugartenientes Allende y Aldama no soportaron esta actitud y llegaron a situaciones airadas con Hidalgo.
Las tropas virreinales del General Calleja se dirigían a Guadalajara. Don Ignacio Allende que era buen estratega militar propuso dejarlos entrar en la ciudad y tenderles una emboscada. Pero Hidalgo rechazó este proyecto y dijo que era mejor entablar lucha en las afueras de la ciudad. Además de Calleja, acudía otro ejército realista de reserva que venía derrotando a los insurgentes que les salían al paso.
El 17 de enero de 1811, el ejército virreinal de unos 8.000 hombres al mando del General Calleja llegaron al lugar llamado Puente de Calderón donde se desarrolló la batalla, que significó una victoria para los realistas. Hidalgo ordenó la huída hacia Aguascalientes en busca de apoyo en las provincias del Norte. Pero fue relevado por Allende como responsable máximo del Ejército.
El 15 de marzo de 1811 estaban en el Saltillo, que hoy es la capital del Estado de Coahuila de Zaragoza, a 75 Km. al oeste de Monterrey (Nuevo León) y a 400 Km. al sur de la frontera con Texas. Pero Don Ignacio Aldama que se había adelantado en el viaje fue apresado en Béjar. En este momento el Ejército Insurgente tenía 2.000 hombres y se decidió ponerlo bajo el mando de Don Ignacio López Rayón patriota de mucho prestigio, secretario de Don Miguel Hidalgo.
Una parte de este Ejército con Don Ignacio López Rayón y el patriota Don José María Liceaga se fueron al sur a refugiarse en las montañas de Michoacán y otra parte se dirigió a la localidad de Monclova, ignorando que en esta ciudad estaba el que fue insurgente Ignacio Elizondo que se había pasado al bando realista.
Y en Acatita de Baján cerca de Monclova muchos insurgentes cayeron en la emboscada de Elizondo, entre ellos Don José María Hidalgo, Don Ignacio Allende, Don Juan Aldama, Don Mariano Hidalgo, Don Mariano Abasolo, Don José Mariano Jiménez y otros patriotas que formaban la flor y nata de la Insurgencia.
¡Todo parecía increíble!
Todos ellos fueron trasladados a Chihuahua donde después de ser juzgados fueron casi todos fusilados. Una excepción fue Don Mariano Abasolo que fue condenado a cadena perpetua y trasladado a Cádiz donde murió en 1816 en el Puerto de Santa María. Hidalgo fue previamente degradado de su condición de sacerdote y fusilado el 30 de julio de 1811.
La cabeza de Hidalgo, la de Aldama, la de Allende y la de Jiménez fueron colgadas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato y allí estuvieron a la vista de los habitantes hasta 1821 en que se consumó la Independencia.
Después de estos tristes e impresionantes sucesos retomamos al Prócer Don José María Morelos que dejamos en su vuelta a Carácuaro después del encuentro con Hidalgo en Charo el 20 de octubre de 1810.
¿Qué acciones realizó Don José María Morelos en este periodo ?
El inquieto Don José María, a su llegada a Cuarácaro explicó a sus feligreses que debía abandonar el ejercicio sacerdotal haciendo alusión a la obra de los jesuitas “Itinerario para pueblos para párrocos de indios” en la que se afirmaba que los “clérigos podrán tomar las armas lícitamente cuando haya una grave necesidad en grande utilidad de la república” que a su vez se inspiraba en la antigua defensa de la población indígena de Bartolomé de las Casas y otros eminentes pensadores españoles
Así que organizó un grupo de insurgentes y marchó al sur. Y el 17 de noviembre de 1810 había tomado la plaza de Técpan, pueblo costero del Estado de Guerrero, donde se le unieron los Hermanos Galeana valerosos y prestigiados patriotas de Guerrero. Don Hermenegildo Galeana acompañará a Morelos como líder insurgente y será uno de los más reputados patriotas de la Independencia.
El 8 de febrero de 1811 el teniente de artillería Don José Gagó, había ofrecido a Morelos entregarle Acapulco sin lucha y ya se encontraban los insurgentes cerca del Fuerte de San Diego que corona la ciudad para la defensa de los piratas, cuando Morelos percibió la traición de Gagó y ordenó de inmediato la retirada hacia Técpan.
Además en Técpan había recibido el aporte de los prestigiosos hermanos Bravo de la Hacienda de Chichihualco (hoy Estado de Guerrero) hijos de Don Leonardo Bravo un heroico militar criollo hijo de españoles. Uno de ellos, Don Nicolás se hará pronto hombre de confianza de Morelos.
Don Nicolás Bravo pasó a la Historia como hombre recto y magnánimo. En el Palmar, Bravo tenía en su poder 300 prisioneros españoles cuando supo que ejecutaron a su padre don Leonardo en la Ciudad de México por sus simpatías emancipadoras. Don José María Morelos al conocer el caso dispuso que fueran ejecutados los prisioneros.
Pero Don Nicolás no lo obedeció y los puso a todos en libertad, muchos de los cuales se adhirieron a la causa admirados por su generosidad. Don Nicolás sobrevivió a los once años que duró la guerra de Independencia, aunque los últimos tres los pasó en prisión. Acabada la guerra llegó a ejercer la presidencia de México en un triunvirato con Don Guadalupe Victoria y Don Pedro Celestino Negrete.
Y aquí comienza lo que en la Historia de México se denomina Segunda Etapa de la Independencia de México que abarca desde el 16 de marzo de 1811 con el nombramiento de Don Ignacio López Rayón como jefe militar de los Insurgentes en el Saltillo antes del fusilamiento de Don Miguel Hidalgo y termina el 22 de diciembre de 1815 con el fusilamiento del Prócer Don José María Morelos y Pavón.
La Junta Insurgente de esta etapa estaba formada por Don Ignacio López Rayón como presidente y Don José María Liceaga y Don José Sixto Berduzco como vocales. Esta Junta designó a Zitácuaro en Michoacán como capital de la Insurgencia, pero se trasladó a Sultepec por un ataque realista.
En nuestro próximo reportaje nos uniremos a la Insurgencia de Morelos para relatar sus acciones heroicas en pro de la Independencia de México.