Iniciada la segunda mitad del Siglo XVIII, Cuba tenía aproximadamente un millón y medio de habitantes. La sociedad estaba formaba un conjunto importante de criollos terratenientes, una minoría de grandes comerciantes españoles y burócratas y un conglomerado cada vez más numeroso de blancos, mulatos y negros que constituían una clase popular emergente en el campo y en las ciudades. El mestizaje étnico nunca dejó de profundizar desde la Conquista.
La clase de los criollos ricos y hacendados, tenía a su vez sus antecedentes en el crecimiento de la riqueza, que de forma vertiginosa se había incrementado en la primera mitad del Siglo, a partir del comercio de tabaco y azúcar, los dos productos emblemáticos de Cuba, junto a su potente ganadería.
El poder de estos hacendados tenía su origen en el aflojamiento de las restricciones arancelarias y de una serie de concesiones en el libre comercio, que España había otorgado a la economía de la Isla a comienzos del Siglo XVIII, cuando Fernando VII retornó del exilio francés .
Esta clase privilegiada de criollos, tomó conciencia de su poder, casi siempre sin contar con el sentimiento popular, que era mayoría. Y muchos dirigieron sus miras a la anexión de Cuba a los Estados Unidos. Creían poder mantener de esta manera la esclavitud, que por aquellas fechas defendían los Estados del Sur de aquella Nación.
El "Club de la Habana", formado por estos criollos, se inclinaba porque los EE.UU. compraran la Isla a España, amparándose en que varios Presidentes de esta Nación también acariciaban la idea. Y en caso de fracaso de la compra, se podría fomentar alguna acción militar libertadora que lideraría algún general estadounidense.
Ante la negativa de España, encontraron la solución en un desembarco libertador que haría un general de origen venezolano con experiencia militar en el ejército español, Don Narciso López. La confabulación contaba con el apoyo de políticos sudistas y financieros de Estados Unidos.
En principio se pensó que la haría el norteamericano Mayor Robert Lee, pero los EE.UU. desautorizaron la operación en virtud del Acuerdo de Neutralidad firmado con España. Sin embargo, apoyaron a Narciso López que salió de Nueva Orleans e hizo el desembarco en Cárdenas (Cuba) el 9 de mayo de 1850 con 600 mercenarios.
Fracasado el desembarco, Don Narciso López hizo otro intento, el 12 de agosto de 1851, para crear una república independiente que se anexionaría a EE.UU. Ambos desembarcos fracasaron y finalmente fue capturado, sentenciado y ejecutado por traición en La Habana ese mismo año.
El análisis que puede hacerse sobre el fracaso de esta expedición es bien simple. No contaba con apoyo popular, trataba de perpetuar la esclavitud y tenía el signo de la dominación extranjera. Tres cuestiones que no podían ser asumidas por un pueblo que, para esas fechas, tenía una conciencia de su identidad histórica y había alcanzado una gran madurez social y cultural.
Y ello, con independencia de la pervivencia de una serie de discriminaciones características de la estructura social de los territorios dominados por España. No hay que olvidar que para estas fechas, en Cuba habían llegado con fuerza las ideas de la Ilustración, los principios de la Revolución Francesa y las Declaraciones de las Independencias de las Naciones de la América Hispana.
Por todo ello, el nuevo escenario, no podía ser otro que el de la lucha por la Independencia nacional, que estalló el 10 de octubre de 1868, con el levantamiento insurreccional de Don Carlos Manuel Céspedes, que desde el Ingenio La Demajagua proclamó la Independencia a la vez que daba la libertad a sus esclavos.
Este Ingenio estaba en la villa de Manzanillo en el Oriente Cubano, actual Provincia de Granma, en el Golfo de Guacanayabo. La ciudad de Manzanillo tiene hoy unos 135.000 habitantes, dos Universidades y un Instituto Politécnico de Informática. Es una ciudad muy interesante. Destacan varios monumentos, iglesias y conventos. Manzanillo tiene una potente industria naval, tabacalera, textil, mecánica y otras.
Es donde se fabrica el famoso Ron Pinilla. Su patrona es la Purísima Concepción, también llamada "Virgen del Combate", a quien los manzanilleros creyentes atribuyeron su ayuda frente a un ataque pirata inglés en 1819.
La Conspiración de Demajagua encontró enseguida eco en Camaguey y en Las Villas y fue secundada por varios hacendados, que formaron un ejército rebelde con los esclavos liberados. Esta proclama de guerra se denominó "El Grito de Yara".
Cuando tenían lugar estos hechos, nuestro prócer José Martí era todavía un adolescente de 15 años, que estudiaba en el Colegio San Pablo de La Habana a cargo del ilustre profesor y poeta Don Rafael María de Mendive y es cuando escribe sus primeros versos a su madre y a sus hermanas, según relatamos en la Crónica 1.
El 24 de octubre de 1868, dos semanas después del "Grito de Yara", un grupo de 80 criollos cubanos y españoles pidieron al Capitán General Don Alejandro Lersundi, que mantuviera la hostilidad contra los insurrectos.
Este Capitán General había sido nombrado para este cargo por el Jefe de Gobierno O,Donnell, que ya mencionamos en el 2º Reportaje, famoso por promover en 1854 una sublevación militar en Madrid para destronar a la Reina Isabel II.
La probada ineptitud de Lersundi le llevará a su pronta destitución. Entretanto, el 28 de octubre de 1868, los patriotas tomaron la ciudad de Bayamo y Céspedes proclamó la abolición de la esclavitud. El ejército insurgente iba ya por 12.000 hombres.
¿Cuáles fueron las
razones inmediatas
de la Guerra de los Diez años?
La razón principal está en que Cuba era ya una sociedad madura preparada para la emancipación. Los referentes externos eran la Independencia de Tierra Firme de la América Hispana y la Guerra de Secesión de los Estados Unidos. Y como consecuencia de esta maduración, se agudizaron las contradicciones entre colonia y metrópoli.
La clase media cubana y patriota, que no era la más poderosa económicamente, fue la que tomó las riendas de la Independencia integrando a las clases más débiles. Esto no era lo previsto por una parte de los criollos hacendados y pudientes, que como mucho intuían una revuelta de negros esclavos y libertos.
El tema de la esclavitud adquirió proporciones mayores, debido a que un grupo numeroso de criollos adinerados se adhirieron a la corriente esclavista del Sur de los Estados Unidos. Y en varias ocasiones impidieron que España aboliera esta práctica, cosa que había hecho ya con anterioridad en las Independencias de la América Hispana.
Y así, se produce el sorprendente hecho de que en las Cortes de Cádiz, el abogado español antiesclavista Don Agustín Argüelles presentara la propuesta de abolir la esclavitud, pero el diputado cubano Don Andrés Jáuregui, se opuso con tal vehemencia, que amenazó a España con una sublevación, si prosperaba la propuesta.
El tratamiento que se daba a los esclavos en el Imperio Español, procedía de la experiencia tenida con la población indígena tras la Conquista. El titular de una Encomienda, que era concedida por la Autoridad, tenía que cumplir los requisitos de alimentar, vestir, dar cobijo y cristianizar al indígena.
Bajo el término "cristianizar" se incluía también permitir la organización de su familia y velar por su vida. Este esquema fue trasladado tal cual al régimen de los hacenderos, que caracterizó al Imperio pasada ya la Conquista. La cesión, venta, transmisión de propiedad, etc. de una hacienda, llevaba aparejado que se incluía las personas que trabajaban en ella.
El régimen de esclavitud, de otras colonias europeas no seguía este mismo esquema, sobre todo en el aspecto de la religión, que aliviaba no poco las condiciones de vida del esclavo. España estuvo vinculada durante todo el Imperio a una serie de Bulas Papales que debía cumplir. Y siempre al margen estaba el mundo de los numerosos abusos cometidos en la sombra.
Con estos antecedentes precursores, nos remitimos al próximo reportaje donde entraremos de lleno en la lucha victoriosa de Cuba por su Independencia.
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