Acabada la Guerra de Cuba, Don Pascual Cervera Topete, curado de sus heridas, fue procesado por el Desastre y tuvo que aportar gran cantidad de pruebas al Consejo de Guerra que se le abrió. Los mismos superiores que le obligaron al holocausto, se convirtieron en su enemigo para lavarse las manos.
Al llegar a España, no se autorizó su entrada por Cádiz, sino por Santander, donde fue aislado, con la prohibición de "no transmitir nada a la opinión pública" En las Cortes, el Conde de Las Almenas, lo responsabilizó a voz en grito del desastre, pidiendo su condena por cobarde.
Se ponía de manifiesto la otra cara de España, la cara de la ingratitud y el desagradecimiento con sus hombres ilustres. Para que España conociera la verdad, solicitó ser elegido Senador por la provincia de Albacete, pero bloquearon los procedimientos. Y por ello suplicó a la Reina Regente que "se le permitiera hacer, a su costa, una edición de los documentos aludidos para ilustración del pueblo español"
Los documentos eran telegramas y cartas de la correspondencia sostenida
con las autoridades militares y civiles españolas.
He aquí una muestra:
"... Como es absolutamente imposible que la Escuadra escape en estas condiciones, pienso resistir cuanto pueda y destruir los buques en último extremo. Aunque otros son responsables de esta situación insostenible, acarreado a pesar de mi gran oposición, es muy doloroso ser actor en éstas".
Es un cable del 23 de junio de Cervera al Ministro de Marina.
El proceso culminó con el sobreseimiento de la causa. Un clamor interior y exterior por su heroicidad, vino a sumarse a su favor y tras el juicio, vio restituido su honor de Almirante. Falleció en Puerto Real el 3 de abril de 1909 y está enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando. Desde entonces, un buque de la Armada ha llevado siempre su nombre.
En el Primer Centenario del Desastre de Santiago, el 3 de julio de 1998, las Fuerzas Armadas Cubanas rindieron honores a Cervera y a los marinos de aquél holocausto. Lanzaron coronas de flores en la Bahía e izaron la bandera española en el Morro de Santiago de Cuba, haciendo sonar el himno de España.
Volvemos a Cuba para relatar los acontecimientos finales de la Independencia. Las grandes acciones militares de las fuerzas cubanas, mandadas por Don Calixto García y sus hombres, eran aprovechadas por el Jefe militar estadounidense Shafter para atribuirse todos los éxitos alcanzados.
Desde la dirección militar de Estados Unidos se dio orden tajante de que no entrara en Santiago Don Calixto con sus compañeros de armas para la celebración de la toma de la ciudad. Así que excluyeron al Ejército Mambí y a su prestigioso General.
Se prohibió que sonara el Himno Nacional Cubano, que tenía 30 años de antigüedad y en su lugar se oyó el himno yanqui con un desfile de tropas de esta Nación. La excusa fue que no era conveniente la presencia cubana en Santiago por razones de seguridad. Era la premonición evidente de lo que querían hacer con Cuba.
A continuación crearon la falsedad de que los cubanos no podrían gobernarse solos porque era un pueblo inmaduro y casi primitivo. Y asimismo le atribuyeron actos salvajes y sanguinarios, con gran despliegue de la prensa y medios de comunicación, distinguiéndose otra vez el periodista William Randolph Hearst, que llevó la campaña del hundimiento del Maine.
A los pocos días del Hundimiento de la flota, Hearst publicó en Nueva York una foto que conmocionó a la opinión pública de EE.UU., presentando un batallón cubano dirigido por el General patriota Don Calixto García esperando a los náufragos españoles para matarlos a machetazos. Dos cadáveres yacían en el suelo destrozados. España acostumbrada ya a las falsedades de Estados Unidos no creyó para nada esta versión.
Don Calixto García, aclaró en una carta, el auxilio que en todo momento prestaron a los náufragos españoles y calificó el artículo de absoluta mentira. Nunca fue publicado. Tales eran las manipulaciones que la prensa de Hearst realizaba como producto de consumo interno para los Estados Unidos.
Todavía hoy están los pecios de los buques hundidos a la salida de la Bahía de Santiago. Durante un siglo el efecto corrosivo del mar, las tormentas y las olas se siguen estrellando contra un cañón del Almirante Oquendo, que sale del agua a unos 30 Km. de la Bahía, mientras el casco se ha clavado en las rocas sin dejarse arrastrar.
Desde la Carretera Granma, todavía se ven a simple vista bastantes restos. Las mareas arrojan a la orilla de vez en cuando piezas del acorazado. Los buzos han explorado la zona para ver el estado de los restos. El científico francés Jacques Costeau estuvo en la zona con su batíscafo Acualum.
Por lo bien conservado, Costeau consideró al pecio del Cristóbal Colón como una joya enterrada, que está a la salida del río Turquino a unos 89 Km. al oeste de la Bahía. También el Vizcaya asoma dos cañones a superficie sobre un amasijo de hierros. Nunca debe ser descartada la posibilidad de que algún día sean sacados para mostrar lo que fue aquel holocausto. En esta zona habita una enorme cantidad de tiburones.
Ya por enero de 1899, los Estados Unidos consideraban formalmente que el destino de Cuba les correspondía enteramente como potencia vencedora. El Tratado de París, lleva fecha de 10 de diciembre de 1898, sin la presencia de ningún representante del Gobierno de Cuba. Estados Unidos se apropiaba de Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas como trofeos de guerra.
La situación para Cuba no podía ser peor. Detrás quedaban cuatro siglos de gestación de una nacionalidad profunda y bien definida. Por mucha lucha que sostuviera con España, se esperaba culminar en una Independencia reconocida por todos, con España la primera, como había ocurrido con las demás Naciones de la América Hispana. Pero lo que iba a vivir Cuba ahora era un cambio de manos.
Por tanto, la primera intervención norteamericana en Cuba data de 1899. Entre 1899 y 1902 se redacta la Constitución. Los órganos políticos de la Revolución desaparecieron, en particular el Partido Revolucionario Cubano y se licenció al Ejército Libertador después de fuertes discusiones con el General Don Máximo Gómez.
Estados Unidos continuaba ocupando militarmente el territorio en virtud del Tratado de París. Y las tendencias anexionistas continuaban avanzando con la simpatía de algunos sectores de la Isla. Acabada de redactar la Constitución, los Estados Unidos obligaron a Cuba a añadirle la ignominiosa Enmienda Platt, que redactó para la Constitución Cubana un senador norteamericano, Edward Platt por encargo de EE.UU. sin contar para nada con Cuba.
La Enmienda Platt venía a decir:
1) Cuba reconoce el derecho de Estados Unidos a intervenir en sus asuntos internos, siempre que aquellos lo estimen conveniente para la conservación de la independencia cubana y para el mantenimiento del gobierno adecuado para la protección de la vida, propiedad y libertad individual...
2) Para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para estaciones navales y carboneras, en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los EE.UU.
3) La Isla de Pinos será omitida como territorio de Cuba en la Constitución, dejándose para un futuro arreglo, la propiedad de la misma.
4) Cuba no podrá firmar ningún Tratado con otros Gobiernos...
Ya dijimos que losEstados Unidos fomentaron la supuesta incapacidad de los cubanos para gobernarse por si mismos, en la idea infantil de que ellos mismos solicitarían la anexión.
Varios intelectuales cubanos de renombre hicieron manifestaciones contra la Enmienda Platt, entre ellos Don Juan Gualberto Gómez, Don Salvador Cisneros Betancourt y Don Manuel Sanguily. Pero el 12 de junio de 1901 entraba en vigencia la Constitución con su Enmienda Platt incluída. El primer presidente fue Don Tomás Estrada Palma, al que siguió Don José Miguel Gómez.
En 1906 los Estados Unidos intervinieron de nuevo en Cuba aprovechando la sublevación del Partido Liberal que consideró amañadas unas elecciones a la Presidencia de la República y durante tres años, desde 1906 a 1909, la Isla se mantuvo bajo administración norteamericana.
La Enmienda Platt fue el germen del caciquismo y de las clientelas en todas las elecciones siguientes y la simpatía o antipatía de los capitales estadounidenses invertidos en la Isla constituyó el determinante de la política por muchos años.
El último presidente de esta serie fue el Dictador Fulgencio Batista. El 25 de noviembre de 1956 zarpaba desde Tuxpan, en el Estado de Veracruz (México) el yate Gramma con 82 guerrilleros del Movimiento 26 de Julio entre los que iba Fidel Castro, Juan Manuel Márquez, Raúl Castro, Juan Almeida Bosque y Ernesto Guevara.
Después de un duro desembarco se internaron en Sierra Maestra y desde allí iniciaron la Revolución Cubana, cuya victoria está en la mente de todos nuestros lectores desde el 1 de enero de 1959.
Para cerrar la serie dedicada al Apóstol de Cuba, José Martí, en nuestro próximo reportaje, trataremos la incidencia que tuvo la Guerra de Cuba sobre la España de la época.
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