Muerto heroicamente en campaña Don José Martí, la Guerra por la Independencia de Cuba se recrudeció. Don Antonio Maceo, recién llegado de Costa Rica asumió el mando de las fuerzas mambisas. El término "mambí" se usaba como símbolo del orgullo patriótico cubano.
El General Don Antonio Maceo y Grajales, nació en Santiago de Cuba en 1845 y era el Segundo Jefe Militar del Ejército Libertador. Llevaba el sobrenombre de "El Titán de Bronce". Fue un líder militar patriótico de gran valía. Perteneció a una familia de patriotas cubanos, donde todos, incluida su madre, estaban implicados en la lucha por la Independencia.
Recordemos que Don Antonio Maceo fue el General que no había aceptado el Pacto de Zanjón, que ponía término a la Guerra de los Diez Años. Continuó las hostilidades y las enlazó con la Guerra Chiquita, que sin embargo terminó en capitulación para los patriotas.
La organización militar y la sabia estrategia que impuso Don Antonio Maceo a sus fuerzas mambisas, condujeron a su afianzamiento en la zona de Oriente, que se extendió a Camagüey y a Las Villas
En la Reunión de Jimaguayú, la cúpula del Ejército Libertador elaboró una Constitución que regiría a la República en Armas. Como presidente se eligió a Don Salvador Cisneros Betancourt, como General en Jefe del Ejército Libertador a Don Máximo Gómez y como Lugarteniente General a Don Antonio Maceo.
Sobre el General Don Máximo Gómez, ya mencionado por nosotros en diversos episodios de la Independencia, diremos que fue un dirigente militar de altísima valía y con gran experiencia militar. Nació en la República Dominicana, donde actuó contra la invasión de Santo Domingo por Haití en 1855.
En 1865 Don Máximo Gómez pasó a Cuba y se unió al Ejército patriota como dirigente militar de Oriente, en el Gobierno de Don Carlos Manuel de Céspedes. Por disentir con el Pacto de Zanjón en 1878, dejó Cuba y se refugió en Honduras. Y de allí intervino en la Guerra Chiquita, que no prosperó.
A partir de la Reunión de Jimaguayú se iniciaron brillantes proezas bélicas a cargo de estos dos líderes militares Don Máximo Gómez y Don Antonio Maceo. Luchaban combinando combates abiertos con guerrillas. Cada día se unían más cubanos a la causa de la Independencia. El Ejército Colonial, como se llamaba al que defendía España, estaba cada vez más agotado.
El Capitán General Don Valeriano Weyler, aplicó una política de Reconcentración, consistente en concentrar a los campesinos en "lugares vigilados", para dejar a los patriotas sin suministros. Esto empeoró la situación económica del país, que se vio afectado en la producción agrícola hasta el extremo de impedir el suministro general de bienes y servicios.
Además, la política de Weyler enconó la convivencia entre las distintas facciones presentes en el conflicto, por lo que no pocos cubanos influyentes reclamaron de Washington una intervención, que por su parte estaba dispuesto a prestarla dentro del marco de sus ansias anexionistas.
Relevado Weyler en marzo de 1898, se dio por terminada la política de Reconcentración y se inició una más pacifista de la mano del General Don Ramón Blanco y Erenas. Las medidas que había de tomar este General para pacificar Cuba, otorgando una amplia autonomía, según las instrucciones políticas que traía del Gobierno de Sagasta, resultaban ya tardías e ineficaces. Sus intentos fueron baldíos ante el grito cubano de Libertad.
Y por este camino, España se vio envuelta en una Guerra con los Estados Unidos, que bajo pretexto de acudir en ayuda de los patriotas cubanos, estaba convirtiendo en realidad los temores de anexión que había advertido nuestro admirado Prócer Don José Martí.
Don Antonio Maceo manejaba la idea de que podría aceptarse ayuda económica y pertrechos militares de las potencias extranjeras, incluso de los Estados Unidos, pero era absolutamente contrario a la ayuda directa de esta Nación.
Cuando la cúpula militar insurgente iba a reunirse con el gobierno, para tratar los planes estratégicos del futuro inmediato, Don Antonio Maceo fue emboscado por un batallón español. Iba con su ayudante, el Teniente Don Francisco Gómez del Toro, que cariñosamente llamaban "Panchito", hijo de Don Máximo Gómez y allí cayeron muertos.
Actualmente los restos de ambos, Antonio y Panchito, que fueron recuperados, descansan en el monumento del Cacahual, donde es común dar los despachos de grado de las Academias Militares. Don Antonio Maceo es hoy un ejemplo de honor y virtud y su pensamiento es una guía para la juventud cubana.
Cuando Don Antonio Maceo recibió ofertas para adherirse a la causa anexionista con los Estados Unidos dijo: "Creo, que esa sería la única forma en que mi espada lucharía al lado de los españoles". Y seguro de que esta anexión no podía ocurrir escribió a un amigo: "El que intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha".
En el Occidente de la Isla, se producían innumerables episodios de lucha. El Ejército Español presentaba un agotamiento total, sostenido sólo por sus últimos suspiros de patriotismo.
Y este es el momento en que los Estados Unidos decidieron meterse en el conflicto para velar por sus intereses anexionistas. La estrategia de intervención se fraguó con rapidez, al ver que el Ejército Patriótico de Cuba lograría pronto derrocar al español.
Para "asegurar los intereses de los residentes estadounidenses en la isla", el Gobierno de los Estados Unidos envió a la Habana el acorazado Maine. El viaje tenía intenciones intimidatorias y de provocación hacia España, que mantuvo en todo momento un rechazo total y absoluto a vender Cuba y Puerto Rico.
El Maine entró en La Habana sin avisar de su llegada y eso era contrario a la diplomacia de la época. En respuesta a esta intimidación, España envió el crucero Vizcaya a Nueva York. Con todo, no hubo incidentes en la Habana con respecto a esta "descortesía". E Incluso terminaron en diálogo amistoso Don Ramón Blanco, Capitán General de Cuba y Don Charles Sigsbee, Capitán del Maine.
La tripulación del Maine la formaban 26 oficiales y 328 efectivos. De los 355 tripulantes, murieron 254 hombres y 2 oficiales. El resto de los oficiales disfrutaban a esa hora de un baile dado en su honor por las autoridades españolas. Los historiadores han señalado que la tripulación estaba formada en su mayoría por emigrantes a Estados Unidos, muchos de ellos, en proceso de obtener la ciudadanía norteamericana.
A las 21.40 del 15 de febrero de 1898 el Maine saltaba por los aires. La explosión iluminó toda la Habana. Inmediatamente la prensa sensacionalista con Willian Randolph Hearst a la cabeza, publicaba al día siguiente: "El barco de guerra Maine partido por la mitad por un artefacto secreto del enemigo". ¿Qué enemigo?
España propuso una comisión de investigación conjunta, pero los Estados Unidos se negaron. Así que hubo dos comisiones. La conclusión española fue que la explosión se debió a causas internas. Si hubiera sido una mina como decía el informe norteamericano, se hubiera visto una tromba de agua y no hubieran estallado los pañoles de munición. Asimismo no había peces muertos en el puerto. Así que no podía ser una explosión desde el exterior.
Los historiadores españoles y las investigaciones que hizo España hasta sus últimos detalles y consecuencias, condujeron a que la explosión fue provocada por los propios estadounidenses como excusa para su entrada en la guerra. Hoy día parece ya confirmado por los documentos desclasificados por el propio gobierno de EE.UU. que esta es la versión correcta.
Los Estados Unidos acusaron a España del hundimiento y la amenazaron con un ultimátum para que se retirara de Cuba, movilizando incluso voluntarios, incluso antes de recibir respuesta. España negó en rotundo su vinculación con el hundimiento y amenazó a Estados Unidos con la guerra, en caso de que invadiera Cuba. La realidad es que Cuba estaba ya rodeada por la flota de Estados Unidos.
En nuestro próximo reportaje continuaremos nuestro relato de la apertura de hostilidades entre Estados Unidos y España en la que se ha llamado Guerra Hispano – Norteamericana.
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