Terminamos nuestro anterior reportaje con Don José Martí y el General Don Máximo Gómez marchando hacia el Oeste con el Ejército Libertador. En esta marcha habían llegado a la localidad de Dos Ríos, cerca de Palma Soriano, hoy una bella ciudad de unos 125.000 habitantes de la provincia de Santiago.
El 19 de mayo de 1895, un batallón español se desplegó en la zona y el ejército patriota le hizo frente. Don José Martí marchaba acompañado de Don Máximo Gómez, pero en el transcurso de la lucha, éste le advirtió que se detuviera y permaneciera en un lugar acordado. El grueso de la tropa se metió de lleno en el combate y Martí quedó solo con su Ayudante Don ángel de la Guardia.
Pero Don José Martí en un arrebato temerario se sintió en la obligación de participar y le dijo a su Ayudante: "vamos a la carga, joven" y emprendió una loca carrera con el revólver desenfundado en un gesto de valor.
Al parecer el caballo se desbocó y entraron de lleno en la zona de fuego enemiga. Enseguida fue alcanzado por los disparos y cayó mortalmente herido. El caballo retornó a las líneas patriotas cubanas. Y su ayudante salió ileso, después de caer herido su caballo.
Su cadáver fue descubierto por las fuerzas españolas, que al ver su aspecto distinguido y su vestimenta, creyeron que se trataba de alguna persona importante de la Revolución y se lo comunicaron al Coronel Sandoval que a través de un Capitán de Infantería que lo conocía, lo identificaron.
De allí fue conducido a Remanganaguas, donde el Coronel Sandoval dio orden de enterrarlo, lo que se hizo en el cementerio de esta localidad. Seguidamente se presentó un médico forense que venía con órdenes del Jefe Militar de Santiago de Cuba de exhumar el cadáver y practicarle la autopsia, embalsamarlo y enviarlo a Santiago de Cuba.
Se dio cumplimiento a estas órdenes y el 23 de mayo el cadáver fue enviado a Santiago de Cuba, pasando primero por Palma Soriano, en cuyo lugar existe hoy un monumento. Pasó después al Cuartel de San Luis y desde allí a la estación de ferrocarril, que transportó sus restos a Santiago.
En la mañana del 27 de mayo, un grupo numeroso de personas, cubanos y españoles, fueron al Cementerio para enterrar a Don José Martí. El Alcalde Municipal de Santiago cedió sin costo el nicho número 134 y los oficiales españoles costearon una lápida que fue fijada en el nicho. Se levantó un Acta de Identificación.
Al colocar el féretro en el nicho, el Coronel Sandoval pronunció la siguiente alocución:
..... Señores: Ante el cadáver del que fue en vida José Martí, y en la carencia absoluta de quien ante su cadáver pronuncie las frases que la costumbre ha hecho de rúbrica, suplico a ustedes no vean en el que a nuestra vista está, al enemigo, y si al cadáver del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles. Desde el momento que los espíritus abandonan las materias, el Todopoderoso, apoderándose de aquellos, los acoge con generoso perdón allá en su seno; y nosotros al hacernos cargo de la materia abandonada, cesa todo rencor como enemigo, dando a su cadáver cristiana sepultura que los muertos se merecen. Cuando pelean hombres de hidalga condición, como nosotros, desaparecen odios y rencores. Nadie que se sienta inspirado de nobles sentimientos debe ver en estos yertos despojos, un enemigo, sino un cadáver. Los militares españoles luchan hasta morir, pero también tienen consideración para con el vencido, y honores para los muertos. He dicho".
El 27 de febrero de 1907 los restos de Martí fueron enterrados en un templete estilo jónico con pensamientos suyos y con un busto de su figura delante. Al acto asistió su hijo Don José Martí Zayas. Posteriormente, en 1951 se construyó un nuevo panteón donde descansan hoy sus restos. Y los niños de las escuelas le renuevan siempre el ramo de flores, como pedía en sus conocidos versos "un ramo de flores y una bandera".
Con la muerte de Don José Martí, el pueblo cubano recibió la savia y la vitalidad que siempre ha dado el sacrificio de los héroes, y en adelante se impuso la obligación moral de hacer cumplir los sueños del Apóstol de Cuba.
PENSAMIENTOS DE DON JOSÉ MARTÍ
SOBRE LA GUERRA.
Las ideas martinianas sobre la guerra, están contenidas en múltiples documentos del Apóstol de Cuba y en particular en el concepto que sostuvo de "guerra culta", que reflejó con claridad y pasión en el Manifiesto de Monte Cristi.
Son tres los aspectos en que insistió Don José Martí: 1) La guerra debe tener por razón una causa justa, tal cual es la Independencia del pueblo cubano. 2) La guerra debe ajustarse a un comportamiento ético de los cubanos durante las hostilidades. 3) La guerra debe culminar con el fin inmediato de la transformación de Cuba en una República Democrática, poniendo fin a las aspiraciones de anexión de Estados Unidos.
Dentro del apartado 1, Don Jose Martí advirtió que la guerra tenía que garantizar el respeto a la vida de los civiles, a los prisioneros de guerra y a los enemigos heridos "A la guerra sin odio para conseguir la república laboriosa y justiciera".
Para definir bien contra quien luchaba, aclaró que "no es, ni puede serlo, contra el pueblo, ni contra la nación española, sino contra el sistema que frenaba el desarrollo del país, marginaba a sus habitantes e impedía el ejercicio libre de la independencia". Por tanto en la lucha debería estar ausente el odio y la venganza.
Definió la guerra como una "contienda generosa y breve, encaminada a asegurar la paz, el trabajo y la felicidad para los habitantes de la Isla" Se anticipó a lo que hoy se denomina "Guerra Humanitaria"
Y añadió "la guerra no es contra el español, que, en el seguro de sus hijos y en el acatamiento a la patria que se ganan, podrá gozar respetado, y aun amado, de la libertad que sólo arrollará, a los que le salgan imprevisores al camino". "La guerra debe ser generosa, libre de todo acto de violencia innecesaria contra personas y propiedades y libre de toda demostración de odio al español. La guerra será inexorable contra el enemigo, español o cubano, que preste servicio activo contra la Revolución".
En sus reflexiones sobre "Nuestra América" intuye el peligro que iba a suponer la expansión estadounidense, que extendió a toda la América Hispana. Poco antes de morir dijo "estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país – de impedir a tiempo con la Independencia de Cuba, que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América".
Durante su estancia en los Estados Unidos fue pasando de una ingenua observación de un país eficaz, amante de la libertad, donde la oportunidad de desarrollo individual se presentaba como un mito, a un análisis más profundo de otra realidad escondida. Y por eso dijo "Amamos a la patria de Lincoln, tanto como tememos a la patria de Cutting". Este último era un bandolero, que sobresalió en el saqueo del territorio mexicano.
En atención a que Don José Martí entregó heroicamente su vida antes de lograr la emancipación de Cuba, crónicashispanas.com continuará los reportajes hasta culminar el relato de la Independencia, de la mano del pueblo cubano y de los próceres que lo condujeron a la victoria final.
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